Hoy estoy viviendo la vida con la que ni siquiera me atrevía a soñar

 

Hoy estoy viviendo la vida con la que ni siquiera me atrevía a soñar.

 

Esta no es una frase propia, es de alguien que ha conseguido lograrlo a base de esfuerzo, constancia e ilusión. Maria Mikhailova es la persona que me ha inspirado para escribir la entrada de hoy.

 

Se dedica al mundo del desarrollo personal y lo hace de una manera tan bonita y tan de verdad que se merece un espacio en este blog.

 

Te recomiendo que le eches un vistazo porque hace cosas increíbles con las personas.

 

Siempre que voy a cualquier restaurante, tienda o cualquier comercio o local, me viene a la mente lo importante que es dar un buen feedback y honesto.

 

Es cierto (y corrígeme si me equivoco) que tenemos la queja fácil cuando el servicio que se nos ha dado no es el que nos hubiera gustado, cuando nos traen la comida fría en un restaurante, cuando hemos recibido una mala contestación o cuando nos han traído mal la cuenta, somos aves rapaces dispuestos a degollar, si fuera necesario, la autoestima o la labor de la persona que ha cometido el fallo…

 

Sin embargo, cuando se trata de dar la enhorabuena por el gran trabajo que están haciendo, no tenemos la misma rapidez que antes.

 

De hecho a veces no nos acordamos de darle las gracias al camarero por su amabilidad y buen hacer. Damos por hecho que eso que hace es como lo tiene que hacer porque para eso pagamos ese servicio.

 

No señores, en mi casa siempre me han enseñado que es de «bien nacido ser agradecido». Y de eso quiero tratar hoy este post.

 

El coaching nos enseña que la abundancia se multiplica cuando tenemos el foco puesto en ella. Por esta razón, una de las sugerencias a las que suelo invitar a mis clientes es justo esta: agradecer. Cuando agradeces, aceptas. Cuando aceptas abres tu mundo nuevas posibilidades, y de esta manera generas abundancia en tu vida en todos los ámbitos.

 

La profecía autocumplida o el efecto Pigmalión,

como se estudia en psicología: atraes lo que eres, lo que sientes y lo que piensas a tu vida. Si te enfocas en que ocurrirán cosas malas, tu fuerza y tu energía harán todo lo posible para que suceda, y amigo, ya te digo yo que pasará.

 

Pero lo mismo sucede al contrario, si te esfuerzas en poner todas tus energías en lo que anhelas, sueñas y quieres, pasaran cosas increíbles.

 

Y sino, piensa por un momento:

 

A puesto a que has tenido uno de esos días en los que la suerte estaba de tu lado. Te levantaste y el café que te tomaste esa mañana, no sabes porqué razón te supo a gloria bendita.

 

Elegiste un look que te sentaba de muerte y te viste con el guapo subido. Día súper soleado, y encima, por lo que fuera las tarea de tu trabajo salieron mejor de lo que esperabas.

 

Recibiste una llamada que te hizo especial ilusión y te salió el mejor rissoto que has hecho en tu vida, vaya «La suerte estaba ese día de tu lado». No, no es suerte, es enfoque.

 

Ese día tenías el guapo subido, tu autoestima estaba dando palmas y cantando por bulería, brillabas con luz propia, ese día estabas que rompías cuellos por la calle, todo el mundo te miraba. Ibas pisando con fuerza, con ganas y con una sonrisa de oreja a oreja.

 

Extrañamente, ese día estabas radiante. No es suerte, es el foco con el que te calzaste ese día. Ese día bañaste de colores tu esencia, la perfumaste de oportunidades, la maquillaste de intención. Esto es lo que otros llaman «suerte».

 

Pero ojo, no te despistes, porque el efecto Pigmalión también se aplica al lado oscuro.

Apuesto a que también has tenido uno de esos días en los que te has levantado con el pie izquierdo. Te salió un grano justo en medio de la frente. Ok. Vale.

 

Te duchas, te secas el pelo y cuando tratas de moldearlo como siempre y a tu gusto, ese mechón rebelde empieza a liarla y no te haces con él. Empiezas a verlo todo un poquito peor. El maquillaje no cubre suficiente ese grano y encima hoy tienes esa cita que tanto estabas esperando.

 

Se te queman las tortitas, el café sabe a rallos y de repente te das cuenta que «no tienes ropa» que ya no hay nada de tu armario que te guste (esa típica crisis de ropa existencial que nos pasa a la gran mayoría de nosotras).

 

Vamos que ese día tenías el el feo subido y no había Dios que lo bajara. Te vas al curro con cabreo (con un cabreo que ni si quiera tú misma entiendes). Este día te ocurre de todo, la cita llega tarde, con4 meteduras de pata y dudas si querrá volver a quedar contigo.

 

Ok. Este día sería el típico al que calificarían como de «mala suerte». Pues no, tu foco estaba en la amenaza, en la baja autoestima, en el ruido mental de que «hoy todo me sale mal». Te has dicho tantas veces en tu mente que todo te sale mal, que tu cabeza busca coherencia con tus pensamientos y los refuerza encontrando posibilidades para que precisamente todo te salga mal. Y esto se llama: profecía autocumplida.

 

Todo depende de la actitud con la que te vistas cada día,

 

porque, probablemente el día de la buena suerte, se te quemaran las tortitas pero el café te supo a gloria y no le diste la relevancia suficiente a las tortitas, porque tu foco estaba en el aroma del café. Probablemente el día de la mala suerte, tenías el armario repleto de looks que te quedan increíbles pero tu mente se fue a Mordor donde esos look no tienen cabida.

 

Es probable que el día de la buena suerte, el mechón que te da por saco tantas veces, ese día, por lo que fuera, tu fuera tan importante para ti y lo solucionaste recogiéndotelo con una horquilla porque le diste prioridad a la perfección de tu trazado con el eyeliner…

 

Todo es una cuestión de perspectiva, de enfoque, de atención tanto en lo bueno como en lo malo. Tú lo eliges aunque no lo creas.

Elegir tener un día de buena suerte (o muchos) se entrena.

El coaching es una gran herramienta para poner foco en tus proyectos, en tus situaciones y en tu vida. Te ofrece un abanico de posibilidades. Es una herramienta que te hace preguntas tan poderosas que te obliga a pensar, a crear e idear respuestas que te faltaban.

 

Te ofrece acción y resultados, con fechas límites, te reta. Te retas a ti mismo.

 

Así que, por favor, te pido que, antes de que pienses que estás teniendo un día de mala suerte, párate y piensa por un instante dónde tienes el foco puesto. Porqué entran estos pensamientos en tu mente. Qué te estás perdiendo y a qué le estás quitando relevancia, por dársela a aquellas otras cosas que te hacen ser infeliz ese día.

 

Pregúntate, es una gran técnica para detectar dónde está el fallo cada día.

 

Disfruta de lo que sí te hace feliz. De los pequeños detalles de cada día como el aroma del café, el tacto de tu blusa favorita, el abrazo de tu pareja.

 

Si tienes la capacidad de enfocarte en lo que te ha salido mal, en lo malo o en lo que te falta (a lo que llamamos en coaching escasez), también tienes la capacidad de poner foco en lo que ya tienes, lo que has conseguido, lo que eres, quien eres y hasta donde hasta llegado hoy (el contrario de escasez, que en coaching llamamos abundancia)

 

Ahí empezará tu desarrollo personal.

 

¿Lo has hecho alguna vez? Te reto a ello.

 

Te invito a que veas el curso de María Mikhailova, porque de verdad que es una verdadera crack en la transformación de las personas.

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